jueves, agosto 26, 2021

Lección 237. AHORA QUIERO SER TAL COMO DIOS ME CREÓ

LECCION 237



LECCIÓN 237

Ahora quiero ser tal como Dios me creó.

1. Hoy aceptaré la verdad acerca de mí mismo. 2Me alzaré glo­rioso, y dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día. 3Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla. 4Y contem­plo el mundo que Cristo quiere que yo vea, consciente de que pone fin al amargo sueño de la muerte; consciente de que es la llamada que mi Padre me hace.

2. Cristo se convierte hoy en mis ojos, y en los oídos que escuchan hoy la Voz que habla por Dios. 2Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero Ser. 3Amén.

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Estas lecciones de la Segunda Parte del Libro de Ejercicios parecen todas intentar que nos demos cuenta de Quién o Qué somos realmente. Como dice la Introducción:

El libro de ejercicios está dividido en dos secciones principa­les. La primera está dedicada a anular la manera en que ahora ves, y la segunda, a adquirir una percepción verdadera. (L.In.3:1)

Así que la importancia de toda esta parte del Libro de Ejercicios, las últimas 145 lecciones, está dedicada a la verdadera percepción. Se da por sentado que por fin el lector se ha dado cuenta del sistema de pensamiento en su vida, aunque no da por sentado que se ha deshecho el ego completamente. Si ése fuera el caso, no se necesitarían más lecciones.

Lo que estamos haciendo en estas últimas lecciones es poner en práctica el lado positivo del Curso, e intentar aplicarlo. “Ahora quiero ser tal como Dios me creó”. El propósito no es sólo entender la idea y guardarla en la carpeta: “Hechos: la naturaleza humana, la verdad”, sino ser el Hijo de Dios, haciéndome consciente de esta verdad a lo largo del día, y viviendo de acuerdo con ella.

“Me alzaré glo­rioso” (1:2). Cada día puedo empezarlo en gloria. Brillando, extendiendo luz hacia fuera. Según el diccionario, gloria significa “belleza y esplendor majestuosos y resplandecientes”. No es una palabra que asociemos con nosotros fácilmente. Hoy puedo hacer un esfuerzo consciente para darme cuenta de esta gloria. Soy un ser resplandeciente. La luz del amor se extiende desde mí hacia fuera para bendecir al mundo. Me sentaré un instante en silencio, imaginándomelo, dándome cuenta de mi resplandor.

Según voy pasando el día:

… dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día. Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla. (1:2-3)

Esto está relacionado con ser, no con hacer. Está relacionado con irradiar, no con hablar. Enseñamos paz siendo pacíficos, no hablando de ello. Si estoy alegre, relajado, amoroso y acepto a aquellos que están a mi alrededor, mi actitud hablará más alto y más claro que mis palabras.

Así que, en este día, mientras trabajo y me relaciono con amigos, estaré radiante. Soy tal como Dios me creó, por eso yo soy radiante, no tengo que hacer nada para ser resplandeciente. Todo lo que necesito es darme cuenta de que mis pensamientos harían borrar ese resplandor, y elegir lo contrario.

En cierto sentido esto sustituye a la lección anterior en la que Le preguntaba al Espíritu Santo dónde ir, qué hacer y qué decir. Ahora la importancia está en lo que soy. Realmente no importa mucho a dónde vaya, lo que haga o lo que diga, siempre que yo actúe como el ser que Dios creó, en lugar de mi ser separado e independiente.

Vengo a ver “el mundo que Cristo quiere que yo vea” (1:4), y lo veo como “la llamada que mi Padre me hace” (1:4). Visto a través de los ojos de Cristo, el mundo puede ser una llamada constante a ser lo que soy, a brillar, a extender Su Amor, a ser Su Respuesta al mundo.

¿Qué es la salvación? (Parte 7)

L.pII.2.4:1

Si el altar a Dios está dentro de mí, pero permanece en gran parte oculto de mi consciencia, lo que tengo que hacer es acudir “diariamente a este santo lugar” (4:1). Ésta es la práctica del instante santo que recomienda el Texto (T.15.II.5,6; T.15.IV), apartarnos voluntariamente de nuestras actividades rutinarias para llevar nuestra mente a este santo lugar, con Jesús a nuestro lado (“Acudamos diariamente a este santo lugar y pasemos un rato juntos” (4:1)). Me parece que Jesús aquí nos está pidiendo que todos los días pasemos un rato con él en la Presencia de Dios, si estás abierto a ello. Si de algún modo no te sientes cómodo con la figura de Jesús, imagínate un guía espiritual desconocido y que representa a tu Ser más noble. Con él o ella entras en este templo, te mantienes ante el altar y pasas allí un rato en unión con Dios.

Tenemos que formar el hábito de traer nuestra mente al instante santo, recordándonos a nosotros mismos la presencia de Jesús (o del Espíritu Santo), recordando este altar a Dios dentro de nosotros, con Su Palabra escrita sobre él (3:4). Pienso que esa Palabra es la Palabra de la salvación, la promesa que Él nos hizo de que encontraríamos el camino a Él (1:1). Es el Pensamiento de la Paz, que sustituirá a todos nuestros pensamientos de conflicto. Este lugar de encuentro es donde sentimos que no se ha roto la comunicación entre nosotros y Dios. Aquí es donde nos sumergimos en la corriente de Amor que fluye constantemente entre el Padre y el Hijo.

El Capítulo 14, Sección VIII del Texto describe este santo lugar de encuentro, y dice:

Todo ello se encuentra a salvo dentro de ti, allí donde refulge el Espíritu Santo. Y Él no refulge donde hay división, sino en el lugar de encuentro donde Dios, unido a Su Hijo le habla a Su Hijo a través de Él. La comunicación entre lo que no puede ser divido no puede cesar. En ti y en el Espíritu Santo reside el santo lugar de encuentro del Padre y del Hijo, Quienes jamás han estado separados. Ahí no es posible ninguna clase de interferencia en la comunicación que Dios Mismo ha dispuesto tener con Su Hijo. El amor fluye constantemente entre Padre e Hijo sin interrupciones ni hiatos tal como Ambos disponen que sea. Y por lo tanto, así es. (T.14.VIII.2:10-16)

Y así es. Esto es lo que quiero conocer y sentir cada día, al venir a este lugar. Aquí traigo mi culpa y mi miedo y los deposito, aceptando la Expiación para mí mismo. Aquí mi mente renueva su contacto con su Fuente. Aquí vuelvo a descubrir la unión sin fin que es mía, mi herencia como Hijo de Dios. Aquí desaparecen mis pesadillas, y respiro el aire fragante del Cielo y del Hogar.
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¿Qué me enseña esta lección?

“Ahora quiero ser tal como Dios me creó.”

En lecciones anteriores practicábamos el ejercicio de ”No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó” (L201/220) esta afirmación parece ser mucho más radical o contundente que la de hoy. Proclama nuestra verdadera identidad. La lección del día “Ahora quiero ser tal como Dios me creó.” es una reiteración del mismo tema de fondo, “soy tal como Dios me creó” adicionado con la voluntad del momento presente. No puedo ser “tal como Dios me creó” en el pasado ni en el futuro, y no lo lograré sino dispongo de mi voluntad a favor de la unidad y del amor. En otras palabras para llegar a la verdad que somos debemos desearla, anhelarla e ir a por ella.

En términos específicos que es lo que deseo cuando digo “Ahora quiero ser tal como Dios me creó.”? lo que quiero es volver a ser una mente libre, inmortal, amorosa, pacífica, alegre, feliz, invulnerable, impecable, etc, unida por siempre a mi Padre eterno.

“Hoy aceptaré la verdad acerca de mí mismo.” la verdad siempre ha existido y nunca cambiará. La hemos olvidado o ignorado pero no la podemos modificar. Aceptar la verdad de lo que realmente somos, es reconocer nuestra identidad como Hijos de Dios.

“Me alzaré glorioso, y dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día.” la luz que mora en mí, es el amor que aflora en mi corazón, y lo extiendo al mundo, después de perdonar mis errores de percepción, mis culpas y resentimientos.

“Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla.” Cuando escucho la Voz que habla por Dios, puedo elegir ser un salvador del mundo, un maestro o sanador de Dios, ayudando a mis hermanos con mi amor y mi paz.

“Y contemplo el mundo que Cristo quiere que yo vea, consciente de que pone fin al amargo sueño de la muerte; consciente de que es la llamada que mi Padre me hace.” tras el perdón surge en mi la visión de Cristo, la visión del amor, la percepción verdadera que reemplaza la falsa percepción del ego.
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Sobre mi naturaleza original

La lección del día “Ahora quiero ser tal como Dios me creó.” es una reiteración del mismo tema de fondo, “soy tal como Dios me creó” (L201/220) adicionado con la voluntad del momento presente. No puedo ser “tal como Dios me creó” en el pasado ni en el futuro, solo en el ahora, en el momento presente, y no lo lograré sino dispongo de mi voluntad a favor de la unidad y del amor. En otras palabras, para llegar a la verdad que somos debemos desearla, anhelarla e ir a por ella.

En términos específicos, lo que deseo cuando digo “Ahora quiero ser tal como Dios me creó.” es volver a mi naturaleza original, a ser una mente libre, inmortal, amorosa, pacífica, alegre, feliz, invulnerable, impecable, etc, unida por siempre a mi Padre eterno.

“Hoy aceptaré la verdad acerca de mí mismo.” la verdad siempre ha existido y nunca cambiará. La hemos olvidado o ignorado pero no la podemos modificar. Aceptar la verdad de lo que realmente somos, es reconocer nuestra identidad como Hijos de Dios.

“Me alzaré glorioso, y dejaré que la luz que mora en mí irradie sobre el mundo durante todo el día.” la luz que mora en mí, es el amor que aflora en mi corazón, y lo extiendo al mundo, después de perdonar mis errores de percepción, mis culpas y resentimientos.

“Le traigo al mundo las buenas nuevas de la salvación que oigo cuando Dios mi Padre me habla.” Cuando escucho la Voz que habla por Dios, puedo elegir ser un salvador del mundo, un maestro o sanador de Dios, ayudando a mis hermanos con mi amor y mi paz.

“Y contemplo el mundo que Cristo quiere que yo vea, consciente de que pone fin al amargo sueño de la muerte; consciente de que es la llamada que mi Padre me hace.” tras el perdón surge en mi la visión de Cristo, la visión del amor, la percepción verdadera que reemplaza la falsa percepción del ego.
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El despertar de la consciencia

Soy consciente de mi dualidad. Soy consciente de que mi mente puede servir al ego, para lo cual tan sólo debo continuar identificándome con el cuerpo y con el mundo material, o bien, puede elegir servir a Dios, para lo cual debo despertar del sueño que me mantiene prisionero de la ilusión.

Soy consciente de mi dualidad. Soy consciente de que mi mente puede servir al ego, para lo cual tan sólo debo continuar identificándome con el cuerpo y con el mundo material, o bien, puede elegir servir a Dios, para lo cual debo despertar del sueño que me mantiene prisionero de la ilusión.

Soy consciente de mi dualidad. Soy consciente de que vivo en la temporalidad y en el temor a Dios, o bien, soy consciente de que Soy Eterno y de que Amo a Dios.

Hoy, hago consciente mi verdadera condición de Hijo de Dios.

Ejemplo-Guía: "Ser consciente de la dualidad"

Hoy quiero haceros llegar una propuesta, de tal modo, que dicha propuesta pueda servirnos como ejemplo-guía a nivel individual.

Aplicar la Lección de hoy, bajo mi punto de vista, es una invitación a ser conscientes de lo que queremos. Podemos elegir poner nuestra mente al servicio del ego y continuar con nuestro habitual sistema de pensamientos o, en cambio, podemos elegir poner nuestra mente al servicio del Espíritu y apostar por ver las cosas de otra manera.

Muchos de nosotros, no tenemos claro qué debemos elegir y esa duda nos lleva, de forma automática, a plantearnos el cómo debemos hacer las cosas. Ya hemos visto en una anterior Lección lo que significa el empleo del "cómo".

La propuesta que quiero haceros es una experiencia íntima. Se trata de llevar a cabo una reflexión sobre un día cotidiano de nuestra vida (no se trata de hacer algo especial) y observar nuestros pensamientos, nuestras reacciones y nuestros actos. Una apreciación previa a este ejercicio: la observación no debe ir acompañada de juicio condenatorio. Por ejemplo: "observo que el vecino me ha sacado de mis casillas y he perdido los nervios, lo que me ha llevado a insultarte y cuando pienso en lo que he hecho me siento muy culpable".

Se trata de observarnos y tomar nota de nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y acciones, sin ánimo reprobatorio. El propósito de esta observación es que tomemos consciencia de la dirección de nuestra mente y aprendamos a identificar lo que es servir al ego o servir al Espíritu.

No pasa nada si llegamos a la conclusión de que somos seres duales, de que nuestra mente, está al servicio del ego y a intervalos, sirve al Espíritu. Llegar a esa conclusión es todo un avance, pues se trata de tomar consciencia, de despertar y para ello es imprescindible que sepamos que lo que hemos llamado realidad es tan solo un sueño y que somos los soñadores del sueño.

Cuando nuestra mente esté plenamente al servicio del Espíritu, habremos alcanzado ese instante santo al que llaman despertar y habremos dejado de ser ciudadanos de este mundo para vivir plenamente en el Cielo, nuestro verdadero Hogar.

Reflexión: ¿Qué buena nueva de salvación comparto con el mundo?
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ORACIÓN DEL DÍA:

“Cristo se convierte hoy en mis ojos, y en los oídos que escuchan hoy la Voz que habla por Dios. Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero Ser. Amén.”
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PRACTICA:

Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea y la oración del día, y si logras memorizarlas mejor, hazlas tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

Es importante no olvidar realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad. Bendiciones
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Fuentes de Consulta:

1. Enlace a: https://lecciones.acim.org/

2. Enlace a: https://insighttimer.com​ (Grabación)

3. Enlace a: https://oscargomezdiez.com/

4. Enlace a: http://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com/


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Complementar:

1. Enlace a: http://iamalahi.blogspot.com

2. Enlace a: https://purodecorazon.blog

3. Enlace a: http://leccionescdm.blogspot.com/


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